Romanos 4:1-8.

Por la razón del incipiente movimiento protestante y su doctrina que se estaban extendiendo por todo Europa la Iglesia romana convocó un concilio, este concilio se llamó el concilio de Trento. La presión que tuvieron de los reformadores fue tan grande que no se limitó a establecer leyes canónicas referentes a las doctrinas protestantes, sino que también reformó otros aspectos de la iglesia. La corrupción clerical en el medievo era muy grande, la superstición, la inmoralidad, los abusos eclesiásticos. Este concilio se llevó a cabo desde diciembre de 1545 a 1563. Al final del concilio se redactaron varias leyes canónicas y este día quiero citar dos de ellas:

CANON IX “Si alguno dijere, que el pecador se justifica con sola la fe, entendiendo que no se requiere otra cosa alguna que coopere a conseguir la gracia de la justificación; y que de ningún modo es necesario que se prepare y disponga con el movimiento de su voluntad; sea anatema.”

CANON XXIV. “Si alguno dijere, que la justicia recibida no se conserva, ni tampoco se aumenta en la presencia de Dios, por las buenas obras; sino que estas son únicamente frutos y señales de la justificación que se alcanzó, pero no causa de que se aumente; sea anatema”

El Concilio Vaticano II (1962-1965). ‘Se recomienda especialmente la participación más perfecta en la misa, la cual consiste en que los fieles, después de la comunión del sacerdote, reciban del mismo sacrificio el Cuerpo del Señor. Manteniendo firmes los principios dogmáticos declarados por el Concilio de Trento, la comunión bajo ambas especies puede concederse en los casos que la Sede Apostólica determine, tanto a los clérigos y religiosos como a los laicos, a juicio de los Obispos, como, por ejemplo, a los ordenados, en la Misa de su sagrada ordenación; a los profesos, en la Misa de su profesión religiosa; a los neófitos, en la Misa que sigue al bautismo’. Documentos Del Concilio Vaticano II (Ciudad del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana, 2013).

Note que el Vaticano II sigue en su necedad de seguir con ‘los principios dogmáticos’ de Trento. Es por esto mismo que los protestantes necesitan leer las Instituciones de Juan Calvino, familiarizarse con sus escritos, incluyendo los de Lutero, y los demás reformadores que hablaron sobre estos temas cuyos fantasmas siguen apareciendo en la polémica católico-protestante.

El catecismo de la Iglesia Católica edición 2001: 1992† La justificación nos fue merecida por la pasión de Cristo, que se ofreció en la cruz como hostia viva, santa y agradable a Dios y cuya sangre vino a ser instrumento de propiciación por los pecados de todos los hombres. La justificación es concedida por el bautismo, sacramento de la fe. Nos asemeja a la justicia de Dios que nos hace interiormente justos por el poder de su misericordia. Tiene por fin la gloria de Dios y de Cristo, y el don de la vida eterna. Iglesia católica, Catecismo de La Iglesia Católica (Vatican City: Libreria Editrice Vaticana, 2001), 415.

Martin Lutero comenta sobre Gálatas 2:16. ‘Sin embargo, al reconocer que nadie es justificado por las obras que demanda la ley sino por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos puesto nuestra fe en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe en él y no por las obras de la ley; porque por estas nadie será justificado’. Ga 2:16.

“Pablo expresamente declara aquí que el hombre no es justificado por las obras de la ley, aunque sean aquellas que le preceden (de las cuales habla aquí) o aquellas que le siguen a la justificación. De este modo se ve que la rectitud cristiana no es una “forma inherente,” como lo llaman. Porque dicen: Cuando un hombre hace un buena obra Dios lo acepta; y por esta obra ‘infunde caridad en el’. Esta caridad infusa, dicen, es una cualidad que se adjunta al corazón; lo llaman “justicia formal.” (Es una buena idea que usted sepa esta manera de hablar.) No hay nada más intolerable para ellos que se les diga que esta cualidad, que informa el corazón como la blancura hace con una pared, no es justicia. o Ellos no pueden subir más arriba de esta reflexión de la razón humana: el hombre es justificado por medio de su justicia formal, que es la gracia haciéndolo agradable delante de Dios, es decir, la caridad. Así atribuyen justicia formal a una actitud y “forma” inherente en el alma, es decir, el amar, que es una obra y un regalo de acuerdo a la Ley; la Ley dice: “Amarás al Señor” (Mateo 22:37.). Y dicen que esta justicia es digna de la vida eterna; que el que la tiene es “formalmente justo”; y, por último, que él es justo, de hecho, porque él está ahora realizando buenas obras, por lo que merita la vida eterna. Esta es la opinión de los sofistas y de los mejores entre ellos’. Martin Luther, Luther’s Works, Vol. 26: Lectures on Galatians, 1535, Chapters 1-4, ed. Jaroslav Jan Pelikan, Hilton C. Oswald, and Helmut T. Lehmann, vol. 26 (Saint Louis: Concordia Publishing House, 1999), 127–128.

Martin Lutero sobre Salmo 51:2. ‘Lávame de toda mi maldad, y límpiame de mi pecado’. Salmo 51:2.

‘Una vez que un cristiano es justo por la fe y ha aceptado el perdón de los pecados, no debería ser tan engreído, como si fuera puro de todos los pecados. Por sólo entonces se enfrenta a la batalla constante con los restos del pecado, de la que el profeta aquí quiere ser purificado. Él es justo y santo por una santidad- ajena- (fuera de nosotros-extra nos- quiere decir-justificación forense-mi nota) llamo la atención a esto por el bien de la instrucción, es decir, él es justo por la misericordia y la gracia de Dios. Esta misericordia y gracia no es algo humano; no es algún tipo de disposición o calidad en el corazón. Es una bendición divina, que se nos ha dado a través del verdadero conocimiento del Evangelio, o cuando sabemos o creemos que nuestro pecado ha sido perdonado por la gracia y el mérito de Cristo y por lo que se espera, amor y abundante misericordia por amor de Cristo, como el profeta dice aquí. ¿No es esta justicia una justicia ajena? Consiste completamente en la indulgencia de otro y es un puro don de Dios, que manifiesta misericordia y favor por el amor de Cristo’. Martin Luther, Luther’s Works, Vol. 12: Selected Psalms I, ed. Jaroslav Jan Pelikan, Hilton C. Oswald, and Helmut T. Lehmann, vol. 12 (Saint Louis: Concordia Publishing House, 1999), 328.

Juan Calvino sobre Romanos 3:21. ‘Pero ahora, sin la mediación de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, de la que dan testimonio la ley y los profetas’. Ro 3:21.

‘Parece un razonamiento frívolo decir que somos justificados en Cristo, porque siendo miembros de Cristo, somos renovados por su Espíritu y somos justificados por la fe; porque por ésta somos injertados en el cuerpo de Cristo, siendo justificados gratuitamente: porque Dios en nosotros no encuentra de otro modo sino pecado. Por el contrario, es en Cristo donde somos justificados, porque la justificación está fuera de nosotros; es por la fe, porque necesitamos apoyarnos únicamente en la misericordia de Dios y sus promesas gratuitas y gratuitamente, porque Dios nos reconcilia con El sepultando nuestros pecados’. Juan Calvino, Comentario a La Epístola a Los Romanos (Grand Rapids, MI: Libros Desafío, 2005), 93.