Karl Barth, Church Dogmatics, (Edimburgo: T&T Clark, 1960), dedica cerca de 165 páginas al tema de los hombres y las mujeres y se acerca mucho a lo que yo he estado llamando la tradición (III/2, págs. 285–344 y III/4, págs. 116–240). Después de referirse a 1 Corintios 11:7–9, Barth afirma: «Este orden básico del ser humano establecido por la creación de Dios no es accidental o aleatorio. No podemos ignorarlo ni minimizarlo. Está fundado sólidamente en Cristo… tan sólidamente centrado en el señorío y el servicio, la divinidad y la humanidad de Cristo que no hay ocasión ni para la exaltación del hombre ni para la opresión de la mujer… Es la vida de la nueva criatura que Pablo describe aquí diciendo que la cabeza de la mujer es el hombre. Gálatas 3:28 sigue siendo válido, a pesar de los exégetas cortos de vista, como los mismos corintios, quienes creían que se trataba de una contradicción» (III/2, págs. 311–12). Sigue más adelante: «Es bastante ridículo pensar que deberíamos enfrentar la idea progresista con la conservadora… El progreso no es más que un retorno al antiguo eón. Solamente en el mundo de este viejo eón [fuera de Cristo] puede surgir el debate feminista» (Ibíd). Barth continúa diciendo que la distinción puede haber surgido de formas diferentes en las diferentes culturas. Según él, esta distinción en parte tiene sus raíces en la «sensibilidad natural» como dice Pablo. Barth concluye: «la cuestión decisiva fue que el entusiasmo por la igualdad que superó las formas no era particularmente cristiano, sino que la costumbre debía ser aceptada en Cristo. No podemos decir más, pues Pablo no estaba argumentando desde la ley, sino desde el Evangelio» (Ibíd.).
Robert G. Clouse et al., eds., Mujeres En El Ministerio: Cuatro Puntos de Vista, trans. Ismael López Medel, Colección Teológica Contemporánea (Viladecavallas, Barcelona: Editorial Clie, 2005).