Los infantilismos de los corintios permanecieron por décadas después de Pablo.

 

[A.D. 30–100.] Clemente probablemente fue un gentil y ciudadano romano.  Aparentemente estuvo con Pablo en Filipos en el 57AD. Clemente, el cual se menciona en el libro de Filipenses (4:3) fue el sucesor de Lino y Cleto en la iglesia cristiana en Roma. Él fue el tercer obispo de la iglesia, excluyendo a Pedro, el cual según la tradición católica fue el primer Obispo. El término “papa” comienza con Gregorio el Grande, en el IV siglo. Esta carta de Clemente a los corintios escrita en el 97AD posiblemente según Schaff, se tenia en alta estima en el IV siglo según Eusebio. También desde los primeros siglos fue tenida como un testimonio de los últimos hechos del apóstol Pablo. El historiador cristiano del IV siglo, Eusebio dice:

“Hay una Epístola reconocida de este Clemente (que él acaba de identificar con el amigo de San Pablo), grande y admirable, que él escribió en nombre de la iglesia de Roma a la iglesia en Corinto, por la sedición que se había levantado entonces en esta última Iglesia. Somos conscientes de que esta Epístola ha sido leída públicamente en muchas iglesias tanto en tiempos antiguos como en nuestros días”.[1] Si bien recuerdo es por el testimonio de Clemente que sabemos que pablo fue encarcelado dos veces, la primera se menciona en hechos 28, cuando llega  a Roma y Lucas lo acompaña, después de un tiempo sale libre y se va a España, y de esto miramos que siempre fue su intención, Romanos 15-16, llegar a predicar el evangelio a este lugar, después regreso y fue encarcelado por segunda vez, según Clemente. Fue ahí donde según la tradición fue decapitado por Nerón.

Regresando a Clemente. Según este amigo de Pablo, los corintios siguieron con sus infantilismos después del apóstol Pablo. Dice lo siguiente:

 

“Tomad la carta del bienaventurado Pablo el apóstol. ¿Qué os escribió al comienzo del Evangelio? Ciertamente os exhortó en el Espíritu con respecto a él mismo y a Cefas y Apolos, porque ya entonces hacíais grupos.13 Pero el que hicierais estos bandos resultó en menos pecado para vosotros; porque erais partidarios de apóstoles que tenían una gran reputación, y de un hombre aprobado ante los ojos de estos apóstoles. Pero ahora fijaos bien quiénes son los que os han trastornado y han disminuido la gloria de vuestro renombrado amor a la hermandad. Es vergonzoso, queridos hermanos, sí, francamente vergonzoso e indigno de vuestra conducta en Cristo, que se diga que la misma iglesia antigua y firme de los corintios, por causa de una o dos personas, hace una sedición contra sus presbíteros. Y este informe no sólo nos ha llegado a nosotros, sino también a los que difieren de nosotros, de modo que acumuláis blasfemias sobre el nombre del Señor por causa de vuestra locura, además de crear peligro para vosotros mismos”.[2]

Dios nos ayude a ser cristianos maduros y siempre buscar la unidad en todo aquello que es secundario. El mundo nos está mirando y leyendo como cartas abiertas. 2 Cor 3.

[1] Alexander Roberts, James Donaldson, y A. Cleveland Coxe, eds., «Nota introductoria a la Primera Epístola de Clemente a los Corintios», en Los Padres Apostólicos con Justino Mártir e Ireneo, vol. 1, Los Ante-Nicene Padres (Buffalo, NY: Compañía de Literatura Cristiana, 1885), 2.

[2] Alfonso Ropero, ed., Lo mejor de Los Padres Apostólicos, Patrística (Viladecavalls: Editorial CLIE, 2004), 142.