El bíblicismo  ingenuo de Wayne Grudem

Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios.a. 1 Pe 4:11.

Todos aquellos que hemos sido beneficiados por la teología sistemática de Grudem creo que tenemos que decir algo al respecto de esta calificación de la metodología que tiene Grudem en su sistemática. Esta acusación viene de la teología evangélica de Michael Bird[1]. Michael Bird es profesor  de teología en Ridley College. Ha escrito varios libros sobre el cristianismo primitivo y desarrollo, la teología Paulina, el Jesús histórico, y el egalitarismo y complementarismo. Es claro que Bird es egalitario. El profesor Bird es una persona llamativa porque mezcla el humor con la teología sus conocimientos son muchos y tiene una gran audiencia especialmente entre los jóvenes. Por lo que sé  pertenece a la Iglesia anglicana.

Por mucho tiempo he querido hablar sobre este biblicismo que se nos acusa a los evangélicos. Otro nos han llamado cristianos fundamentalistas, conservadores, no tenemos argumentos para establecer la ortodoxia cristiana, rechazamos el progreso de la teología, y ponemos a un lado la tradición, la experiencia y la cultura[2]. No conversamos con ninguna de ellas, sólo tiramos textos bíblicos al aire porque la Biblia es la autoridad final.

Estas acusaciones son graves, es verdad que algunos escritores y especialmente en las redes  sociales muchos pastores caen en  esta trampa de un “biblicismo ingenuo”, pero acusar la teología  de Grudem en este modo sólo manifiesta dos puntos que quiero tocar en esta entrada. 1. El problema de la autoridad. 2. La arrogancia de los “nuevos eruditos”.

Hace unos 200 años que la Iglesia ha tenido que acoger y criticar los métodos críticos (el crítico se vuelve el criticado)  que se han levantado respecto a la Biblia y su interpretación, la formación del canon bíblico,  los escritores y editores finales de cada libro de la Biblia. Muchas dudas se han arrojado sobre el texto sagrado. La crítica textual en sí no es mala, porque trata de reconstruir el texto bíblico original, el problema es cuando no trabaja con ninguna autoridad y antes de investigar, a priori,  con prejuicios,  piensa que la Biblia está llena de mitología y leyendas en sus páginas. Un ejemplo reciente es el libro de Ester, algunos piensan que este libro es una novela para inspirar fe en el pueblo de Israel, ya que no tiene base histórica[3].

El método crítico alemán resulto negativo para la iglesia del siglo XX  contemporánea, con ella surgió un neo-evangelicalismo que no tenia autoridad, para el fue la mente alemana, las investigaciones “recientes”, que eran la autoridad final, el AT no tiene proposiciones, simplemente es la interpretación de la fe que tenían los hebreos. Aunque el alemán Wellhausen y otros han sido avergonzados por descubrimientos arqueológicos recientes como los rollos del mar muerto y otras investigaciones de las ciencias bíblicas, todavía hay un pueblo que dice ser evangélico, en el púlpito como fuera de el,  que sigue manteniendo esas posiciones recientes que  en la tradición de la Iglesia (recuérdese que nos acusan de rechazar la tradición) nunca se han creído. Esta influencia se filtró por medio de Barth y Bultmann en los círculos protestantes.

Carl F. Henry señaló esto en su “Dios, Revelación y Autoridad”.[4] Estos dos teólogos rechazaron la posición de los reformadores protestantes que la Biblia tenía proposiciones de carácter verbal y que podían ser sacadas del texto bíblico, y sobre todo negaban que la Biblia era un libro inspirado con doctrinas claras y divinas, comprensibles a cualquier lector. La influencia de Barth Y Bultmann se mira en todos lados en el dia de hoy.

El mismo Barth dijo que “estaba más aterrorizado que atraído por las huellas del biblicismo moderno”.[5]

En estas  palabras podemos ver un rechazo a la Biblia como autoridad final sobre todos los temas debatidos dentro de la Iglesia y entre los grandes pensadores de la Iglesia antigua como contemporánea. Lo bueno es que siempre hay estudiosos que se apegan a la tradición bíblica, patrística y  reformada y así siguen levantando en alto el estandarte autoritativo de  las sagradas escrituras en toda polémica eclesiástica. Aunque las críticas siguen: «Las alternativas tienden a situarse entre tres polos: “el magisterio eclesiástico, la tradición comunitaria inalterable, y la interpretación privada; o, para decirlo de modo más concreto pero menos preciso, Roma, Constantinopla, Wittemberg-Ginebra”. [6]  El problema de estos críticos es que parece ser que no leen la literatura protestante ya que aquellos que siguen la línea reformada nunca han rechazado la tradición, se les olvida que la figura favorita de los reformadores fue la de Agustín y otros padres de la Iglesia. Pero en última instancia la Biblia tenía la autoridad final sobre la Iglesia oriental y occidental. Para ellos la Palabra de Dios era el martillo que dictaba la última sentencia. La claridad y la suficiencia de las escrituras ya no existen, las grandes doctrinas de los reformadores protestantes han sido oscurecidas por pretendientes mesiánicos en la academia rechazando todos aquellos principios importantes que nos devolvieron las Escrituras y nos libraron de las tinieblas.

 

 

La Biblia como autoridad final

El problema de fondo es la autoridad final. Como anglicano yo entiendo a Bird,  pero como evangélico protestante él tiene que saber que uno de los principios fundamentales de la reforma fue que la Biblia era la autoridad final sobre todo debate y concilio, sin pretensión de rechazar la tradición y  los grandes pensadores de la historia cristiana. Si la Biblia no es nuestra autoridad, qué o quién  lo es, siempre me he preguntado, si se vale citar la Biblia en estos argumentos donde se acusa a un partido de “biblicismo ingenuo”, o “biblicistas”, terminología que está en la boca de muchos teólogos profesionales, y “teólogos cibernéticos” los que quieren ser  reformadores contemporáneos del pensamiento protestante del siglo XVI, porque hay mucho que corregir en el pensamiento reformado y entre los ignorantes que sólo citan la Biblia. ¿Pero qué o quién o cuál es la autoridad final? ¿Los nuevos iluminados, el nuevo evangelicalismo, los liberales, los ateos y gnósticos y aquellos que se pasan por cristianos en Facebook pero dudan de todo, no saben lo que creen? Los leo y no los entiendo, o quizás es mi propia ignorancia.

¡Dios me ayude!

¿Si la Biblia no es la autoridad final sobre toda polémica, dónde debemos de acudir para hacer teología? El magisterio romano, los apóstoles y profetas contemporáneos, los “nuevos teólogos”, los filósofos, el magisterio protestante, los siete concilios ecuménicos, Rob Bell, John Franke, las confesiones protestantes, etc. Todos estos movimientos, grupos,  personas y documentos hacen la conversación más interesante entre aquellos que dialogamos sobre las religiones pero ultimadamente todos tienen una diferente autoridad final. Por eso se llega a diferentes conclusiones y creencias que forman nuestras cosmovisiones, y en la doctrina cristiana, hasta nuestro destino final.

Pondere y lea muchas veces este próximo párrafo, de un ensayo escrito por Kevin Vanhoozer, llamado: “¿Después de todo podemos ir más allá de lo que está escrito?”

El patrón de la autoridad teológica expuesta en este ensayo reconoce la suprema autoridad de la Escritura mientras que establece el caso, y lugar para la tradición de la Iglesia y la conciencia como instrumentos por los cuales el Espíritu Santo ejercita autoridad ministerial. La tradición de la Iglesia en particular abre entendimientos creativos llevan “más allá, de lo que está escrito, no dejando el texto “atrás”, sino precisamente yendo “más arriba y más adentro. Lo que tiene autoridad magisterial en el patrón de la autoridad teologica es la voz del Dios trino que comisiona y autoriza el testimonio profético y apostólico al Antiguo y Nuevo pacto. El Espiritu  ministra esta palabra magisterial a la tradición y a la conciencia extendiendo su significado por medio de juicios corporativos e individuales- cognitivos y comunicativos- “actuaciones” (mi adición-actividades?), que desembocan en el habla y acción, que se encuentran y son correctos cuando están de acuerdo con la palabra de Dios, encarnados y promulgados en las escrituras canónicas. Esto es biblicismo, pero sin duda alguna, no es un “biblicismo ingenuo”.[7]

La arrogancia de los “nuevos teólogos”

Se ha dicho que somos como personas paradas en los hombros de aquellos que nos han precedido y así podemos mirar todo el panorama de la historia con mejor precisión. Y creo que esto está bien dicho. Pero veo mucha arrogancia y falta de respeto entre aquellos que van surgiendo en nuestra era como los nuevos teólogos, ellos pretenden corregir, (y creo que esta la tentación de todo académico-figurar en la historia de la teología) a aquellos que les han precedido, los cuales han escrito entre 40 y 60 libros pero como ellos llevan cinco o 10 libros piensan que fácilmente pueden criticar a los demás. Bird cita a Grudem como 20 veces, y solo como tres o cuatro veces es positivo hacia su persona.

Criticar y analizar es la tarea de todo cristiano pero cuando la arrogancia se impone sobre la Biblia, el espíritu cristiano y las canas de los ancianos entonces debemos de tener cuidado porque los errores y calumnias que se han cometido en el pasado han sido muy gravísimos. Es por medio de la arrogancia que muchos se han convertido en herejes y heresiologos, debaten todo, y niegan todo.

Afirmar lo que la Biblia dice es tener una autoridad sobre nuestra ciencia y quehacer teológico. No es “biblicismo ingenuo”, ni negar que todavía se necesita una interpretación, pero con estos “teólogos modernos” se oscurece el texto en vez de aclararlo, no se deja que la Biblia hable, hablan ellos,  pero no Dios, asi se termina convirtiendo a Dios a su imagen y semejanza.

«Pero vosotros, amados, tened memoria de las palabras que antes fueron dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo». Jud 17

¡Dios nos ayude!

¡En la esperanza del evangelio!

Mario López

[1] Michael Bird. Evangelical Theology. Zondervan 2013, págs 77-78.

[2] McKnight ha criticado esta palabra diciendo que la palabra ‘mundo’ se ha bautizado y se ha convertido en ‘cultura’, lo que Yoder llamaba “Incredulidad estructurada”.  Vease Scot McKnight. Kingdom Conspiracy.

[3] Véase Introducción al Antiguo Testamento.  Tremper Longman y Raymond Dillard.

[4]Carl F. H. Henry, God, Revelation, and Authority, vol. 4 (Wheaton, IL: Crossway Books, 1999), 299.

[5] John R. Franke, Barth for Armchair Theologians, Armchair Theologians Series (Louisville, KY: Westminster John Knox Press, 2006), 73.

[6] Goerge Lindbeck citado en “El Drama de la Escritura”. Kevin J. VanHoozer. Ediciones Sigueme. 2010, pág 161

[7] The Enduring Authority of the Christian Scriptures. D. A. Carson, Editor. Wm.B.Eerdmans 20016, pág 791.